Y estoy adoleciendo cada día que pasa y cada día menos también.
No tengo por qué pedir perdón ni dar explicaciones, aunque la pena, el nervio y la rabia me hagan joder la boca del estómago cuando te escucho hablar sobre aquello.
Odias la adolescencia y vives en un mundo que te incita a seguir embarrado de aquello.
Despierta y mira a tu alrededor, porque no has abierto los ojos de manera parcial.
Te están absorbiendo por un hombro y te estás maquillando los ojos de ilusiones laborales que no te van a llevar ni al wall street.
Eres tan mortal y si me rompiste el corazón tres mil veces sigo levantándome todos los días y puedo respirar tranquilo el mismo aire que tú.
Asqueas mi camino, así que empieza por florecer y dejar de adolecer.
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