Lo peor es que esas cinco veces he pensado cada movimiento pensando en ti, haciendo todo en tu nombre, en cada movimiento, pensando en tu sexo y tu olor.
Lo peor es que aún me dan ganas y sé que es absolutamente adolescente, porque lo he contado y ahora lo estoy escribiendo. Me gusta escribir sobre ti y lo pésimo que me haces y lo imbécil que soy, porque paso 23 de mis 24 horas diarias junto a ti, y te pienso, y te miro y me río contigo.
Lo peor es que me siento un resto más maduro que antes, pero lo tuyo no se me pasa con nada. Eres un criadero de inseguridades, de dudas y de enojos. Porque me enojo contigo cada vez que me siento vulnerable y quiero cubrirme de la lluvia llamada por tu nombre, quiero evitarte en las esquinas y pasillos. Porque sé que si tu me pides algo que venden en la China iría ahora mismo y no lo pensaría tres veces, dos quizás.
Porque lo peor es que me cuesta decir esas dos palabras, porque me da vergüenza.
Esas dos palabras, tú sabes cuáles son.
Y escucho canciones tristes, en mi ipod, como esperando un sol de invierno que nunca va a llegar.
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