
Estoy esperando a que pase una y otra vez, días eternos en los cuales la verdad no me entretienen ni siquiera las millones de canciones de mi iPod, en los eternos 80 gb que nunca voy a terminar de llenar.
Y con los ojos medio somnolientos, tarareando una canción media indie recibo ese viento con un poco de agua que tiran en el Metro.
Muevo la cabeza de un lado a otro con cuidado, para que nadie lo note y así me de menos vergüenza hacerlo.
Entonces me subo a uno de los miles de trenes que ocupo día a día, haciendo combinaciones, o no, llendo a la universidad o simplemente a dar vueltas por el sub mundo santiaguino.
Sigo creyendo que soy algún cantante under medio electro, medio folk y me encuentro con algún hombre que me llama la atención de una manera casi poética y poco sexual, sí poco.
Entonces me encargo de mirar fijamente y no quitar la mirada a menos de que sea correspondida y la vergüenza me invada en mala.
Decido poner una canción en play y empiezo mirando sus manos, su pelo, su ropa, imaginando que escucha en sus audífonos o que hace cuando llega a su casa.
En ese momento me dan ganas de agarrar un lápiz y un pedacito de papel (que siempre llevo en la mochila, que también siempre llevo) para escribirle un par de líneas amorosamente inocentes y casi convincentes para que me mire un rato más.
Pero simplemente no puedo, inducido por la inseguridad adolescente que me persigue más cuando hace calor y estoy solo.
La verdad es que nunca pretendo encontrar el amor de mi vida en el metro, solo me gusta sentir un poco de amor que dura un par de estaciones y sonreír solo unos minutos que duran máximo una hora.
Lo último que hago eso sí, si es que mi tramo es muy largo, es hacer un ejercicio mental para que el individuo me acompañe todo el trayecto y que me mire un poco más par hacer de ese viaje santiaguino poco cordial, un poco más coqueto y sutil.
Más que toqueteos sucios, unas miradas pseudo enamoradas que duran desde Los Leones hasta Baquedano.
Ahora mi sueño, es poder hacer esto en New York, Buenos Aires o Barcelona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario