
Contando los segundos, sacando cuentas, leyendo tus frases, las mías, recordando conversaciones, pendientes y concretadas, me animo a comenzar mi inventario de sonrisas y llantos.
Podría hacer un balance negativo, uno positivo, uno bastante neutral o simplemente lanzarme a la vida. Es pararse a pensar y decirse a uno mismo que en un principio se arriesgó mucho, en otro se pensó demasiado y creo que es hora de mezclar ambos y hacer un smothiee de decisiones.
Es comenzar por tus ojos, tus piernas, tus caricias, tus risas y nuestro sexo.
Es terminar con tus inseguridades, mis malas caras, tus reproches, mis berrinches y nuestras batallas sin sentido.
Quiero despojarme de la belleza, de tu belleza, de mi belleza y de las letras bonitas.
Quiero mirar de afuera y sacar lo podrido. Me cuesta escribir en un estado tan pleno...debería ser más fácil aún. Creo que las palabras salen igual, aunque me gusta todo vomitado y ensangrentado.
Verte crucificado por algo, verme sangrandote por cosas, sentirnos mal para buscar material.
En realidad puedo escarbar un poco entre esta felicidad que es solo un baño, como un super ocho.
Quiero buscar entre los mensajes de textos no correspondidos, las ansias por querer unos minutos más al teléfono, unos segundos más en la cama, unos tres gemidos más altos, pedir más, no sentirse nunca saciado, buscar recompensa por tanto dolor. Muchas veces me da miedo pensar, pero muchas veces, en realidad son muchas veces las que me pregunto si las cosas que hago son movidas por necesidad de venganza. Sí, de venganza. Esa palabrita que dibuja colores rojos y negros en las cabezas, que tiene que ver con gestos oscuros y caricias en sangre.
Quiero preguntarme si los domingos van a ser una excusa para estar solo y triste. Para escribir sobre el domingo, para actuar sobre el domingo, para dirigir sobre el domingo, para teatrear el domingo, para grabar el domingo.
Se me pierden las razones.
Se me olvidan los corazones. Rotos o no.
Se me olvida que te odio. Y me regalo.
En algunos días de la semana me siento una prostituta del amor, de tu amor. Me vendo a ti.
A cambio de abrazos y apretones. De besos y tocaciones profundas.
Y tu también te vendes. También eres un taxi boy de esa esquina del levante erótico. Te encanta venderte hacia mí, te encanta, te encanta que sea tu sugar daddy. Te vendes a no estar solo.
Esta vez corro riesgo. Corro un riesgo enorme. Son pensamientos en voz alta. Son posibilidades.
Recordar que nadie es dueño de la verdad absoluta.
Y escucho lo que se supone es el arca de Noé, de CocoRosie.
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